Raíces que siguen latiendo
Un legado silenciado
Una gran parte de la población canaria continúa desconociendo —o ignorando— el legado amazigh que es fundamental a su identidad. Celebraciones como el Yennayer no solo nos invitan a festejar: nos invitan a recordar, cuestionar y reconectar con raíces que han sido sistemáticamente silenciadas.
El 24 de enero no solo se celebró el Yennayer 2976 en Lanzarote. Ese día se abrió, simbólicamente, una puerta al autorreconocimiento y a la sensibilización hacia el pueblo amazigh como pueblo originario del norte de África.
Una celebración que fue mucho más que un acto festivo
Gracias a la invitación de Samira, presidenta de la asociación y escuela de danza árabe de Lanzarote, tuve la oportunidad de participar y compartir con las personas asistentes. El encuentro superó lo festivo y se convirtió en un acto de justicia histórica y cultural.
Transmisión, resistencia y memoria viva
Durante la jornada se habló de manera muy especial sobre el papel central de la mujer en sociedades amazigh tradicionalmente organizadas bajo sistemas predominantemente matrilineales. Un aspecto poco conocido y, en muchos casos, deliberadamente distorsionado o estigmatizado bajo el peso de un relato arabo-musulmán homogéneo.
Hablar de la mujer amazigh es desmontar estereotipos y cuestionar narrativas construidas desde una mirada eurocéntrica que no deja espacio a la complejidad ni a las identidades de los márgenes.
Celebrar es también resistir
Celebrar el Yennayer, en este contexto, es un acto político: es afirmar que existimos, que resistimos y que seguimos narrándonos en primera persona. Es conectar Canarias con su pasado precolonial y con una identidad que vincula el archipiélago con el norte de África de manera indisoluble.
Un acto de justicia histórica y cultural que nos recuerda que las identidades de los márgenes no desaparecen: esperan, resisten y, en el momento adecuado, florecen.
Existimos. Resistimos.
Seguimos narrándonos en primera persona.
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